martes, 5 de mayo de 2020

El abuelo que no era mi abuelo


Nunca crecí con mis abuelos, tres de ellos ya habían fallecido y el que quedaba era una persona que nunca quiso ser parte de la vida de sus hijos y mucho menos de sus nietos. A mi me daba completamente igual, de todos modos los sentimientos se cultivan y no puedes querer a un desconocido.

Pero ¿Qué sucede cuando alguien toma la figura de abuelo en tu vida? Alguien que ves visitar tu casa desde que tienes uso de razón? Tengo recuerdos borrosos de cuando me hacia comer y cantaba, mi mamá a mi lado queriendo golpearme y el pasaba la cuchara con una voz muy amigable.

Era el amigo de mis padres y se hizo amigo de nosotros, de todos mis hermanos, de toda mi familia. Estaba en reuniones, cumpleaños y cualquier día festivo. Siempre tenía un consejo idóneo, siempre que hablaba nos gustaba escucharlo, el hablaba y le hacíamos preguntas, era el abuelo de la casa y su figura era de cariño y confianza. 

En una familia como la mía, impermeable a más no poder, tanto que la gente de nuestra cuadra apenas sabe nuestros nombres, nadie poseía tanta cercanía con nosotros como el.  Recuerdo que muchas veces que visitó la casa, me acerqué, porque lo veía como una figura neutral y le pedía consejos, siempre los tuvo y muchos de ellos los seguí y fueron  incontables vivencias en muchos años.

Aquel día empezaba a amanecer y alguien tocaba fuerte a puerta, se escuchaba varias voces, alguien tuvo una llamada, hay noticia reúnanse, acaba de fallecer. Salí de mi cama y estaban todos reunidos en el pasillo mirándose con un gesto de asombro y tristeza, algunos ojos llorosos, algunos caras sin gesto, lo primero que pensé "no lo creo, si cuando lo vi estaba bien". 

En plena pandemia, algunos solo agachamos la cabeza tristes y confundidos y así nos quedamos varios minutos sentados sin decir nada. Al rato recibí la llamada de mi padre y me preguntó si ya me había esterado, quería saber si estábamos bien, yo no soporté su voz y mis ojos explotaron, mis lagrimas no dejaban de caer. Pero respondí que si, que estábamos bien.  Pensé que seria mejor si estuviéramos juntos, mas el aislamiento social no lo permitía. Añadí encargándole que se cuiden, que no salgan, que si le falta algo que nos avisen.

Volví  a mi cuarto, volví a dormir y desperté a los minutos, pensé que había sido un mal sueño. Pero al momento supe que era verdad. Ese día me pasé recordando todos las vivencias y cuantas veces fue un apoyo moral para toda la familia.   Los momentos y risas compartidos pasaron por mi cabeza una por una, como fotos, mientras miraba a través de la ventana de mi estudio, sentada en el escritorio, aplastando algunas hojas del avance de mi tesis. El cielo se veía tan azul,  tan majestuoso y yo solo era un punto, un punto en toda la existencia del universo. 

Esa semana tuve un nudo en la garganta por varios días, no se pudo hacer un velorio, no se pudo hacer una ceremonia de entierro, nada se pudo hacer. Tenia mucho coraje pues la impotencia reina las cabezas de los deudos, cuando este tipo de cosas sucede. ¿Cómo explicarte y entender que no volverás a ver más a un ser tan querido? que su voz no va a volver a sonar más por los rincones de tu casa... 

Han pasado algunas semanas y ahora estoy sembrando esperanza en mi corazón,  siembro "normalidad",  siembro pequeñas sonrisas, veo la belleza de este mundo en cada detalle, no me quiero perder de nada.   La tesis como que me distrae un poco aunque por ratos la veo tan insignificante. Solo tengo la idea que ya estas en el cielo, que ya dejaste este frívolo y egoísta mundo. Sé que estas al lado de Dios del Dios que nunca dejaste de amar.  

Resuelvo que tengo muchas cosas que  aprender,  reafirmo que la vida es tan corta, que los momentos pueden ser eternos y que nada me voy a llevar. Ahora trato de olvidar algunas cosas que me fastidian y me neutralizo, estoy intentado volver a mi equilibrio. Agradezco a Dios por los momentos compartidos, por todo lo que me enseñaste. 
Gracias abuelo, que no eras mi abuelo.💔